claustro Monasterio de la Santa Espina

El siglo XX en el Monasterio de la Santa Espina

El Monasterio de Castromonte y los Hermanos de La Salle (parte 4)

Al comenzar el siglo XX, el Monasterio de la Santa Espina (Castromonte, Valladolid) arrastraba las heridas de las desamortizaciones del XIX. Ausencia de monjes desde 1836 y deteriorado en su estructura, había perdido su papel como motor espiritual y agrícola de los Montes Torozos. La reliquia de la espina de Cristo seguía custodiada, pero sin la organización monástica que había sostenido durante siglos las peregrinaciones y la vida comunitaria.

El cambio llegó gracias a la iniciativa de Doña Susana de Montes y Bayón, viuda del marqués de Valderas, que en 1886 decidió dar un nuevo uso social al monasterio. Fundó allí una escuela y asilo para niños pobres, buscando una respuesta cristiana a la pobreza rural de la época. Ese mismo año llegaron los Hermanos de La Salle, quienes asumieron la dirección educativa y consolidaron el proyecto. En definitiva, eran la congregación idónea para dar un uso social y educativo al monasterio, devolviendo vida a un edificio que se había quedado sin comunidad desde 1836.

¿Quiénes son los Hermanos de La Salle?

Fundada en Francia en 1680 por San Juan Bautista de La Salle, la congregación está formada por religiosos laicos consagrados. Los hermanos hacen votos y llevan hábito, pero no son sacerdotes; su identidad es la de “hermanos educadores”.

Su misión ha sido desde el inicio formar cristianamente a niños y jóvenes, con preferencia por los pobres, combinando instrucción básica con enseñanzas prácticas (agricultura, oficios, cultura general). Llegados a España en 1878, se expandieron rápidamente con colegios populares.

Para la marquesa de Valderas, elegirlos no fue casual: encajaban con su propósito de unir fe y educación en un entorno rural. De algún modo, daban continuidad al espíritu cisterciense de la Santa Espina: los monjes habían unido fe y trabajo agrícola; los lasalianos unían fe y educación práctica, formando a campesinos y jóvenes del entorno.

Durante las siguientes décadas, los Hermanos de La Salle cumplen la misión encomendada de los cientos de niños huérfanos acogidos en el monasterio donde saldrán grandes profesionales de todos los ámbitos

Contexto histórico de España

En esos años, España era un país fundamentalmente rural, pobre y con altísimos índices de analfabetismo. La escuela pública apenas llegaba a los pueblos, y la Iglesia suplía esa carencia con congregaciones dedicadas a la enseñanza. Durante el siglo XX, el país atravesó grandes transformaciones:

  • Guerra de Marruecos y crisis política de la Restauración a comienzos de siglo.
  • Guerra Civil (1936–1939), que dividió al país y también dejó huella en la Santa Espina.
  • Época franquista (1939–1975), con una política de autarquía primero y, después, de modernización agraria y colonización rural.

La Guerra Civil y la Santa Espina

Durante la Guerra Civil, el monasterio fue utilizado como campo de prisioneros entre 1937 y 1939. Al cerrarse en noviembre de 1939, el edificio quedó vacío y dañado, lo que reflejaba aún más su decadencia tras un siglo XIX marcado por la desamortización. Este episodio marcó la memoria del lugar, dejando atrás la imagen de centro educativo y espiritual para convertirse en un símbolo de la guerra. Tras la guerra, los Hermanos de La Salle retomaron su labor educativa.

La Escuela de Capataces y la política agraria del franquismo

Con Franco llegaron nuevas transformaciones. En los años 50, ya habiendo sido considerado el edificio Monumento Nacional desde 1931, tiene lugar un nuevo punto de inflexión, el Ministerio de Agricultura, bajo la dirección del ministro Rafael Cavestany, impulsó en la Santa Espina la Escuela de Capacitación y Experiencias Agrarias, reforzando y dando carácter oficial a una labor educativa iniciada décadas atrás en el propio monasterio (la primera Escuela Agraria inaugurada en 1890, tras su fundación previa en 1886-1888 por la marquesa de Valderas)

Se trataba de formar a capataces y técnicos agrícolas que pudieran modernizar el campo. La escuela combinaba prácticas en agricultura, ganadería y silvicultura. Los profesores eran mayoritariamente seglares, pero la gestión y el espíritu educativo seguían en manos de los Hermanos de La Salle, que permanecían al frente del monasterio, manteniendo también su dimensión espiritual como lugar de formación cristiana y referencia religiosa en el entorno rural.

Es el resultado del concierto entre la Fundación de la Santa Espina, los hermanos de La Salle y el Ministerio de Agricultura; hoy con la Junta de Castilla y León. El acuerdo llevó consigo la restauración del monasterio.

El nacimiento del pueblo de La Santa Espina

En paralelo, el Instituto Nacional de Colonización (INC), dentro de su programa de desarrollo agrario de posguerra, promovió en los años 50 la creación del nuevo en la pedanía del municipio de Castromonte situada junto al Monasterio de La Santa Espina. El nombre de la localidad deriva de la reliquia de la Santa Espina y del monasterio que la acoge.

Entre 1955 y 1957 se construyeron viviendas y se repartieron tierras a familias campesinas, reforzando la función agrícola y comunitaria del enclave.Los terrenos sobre los que se levanta la pedanía habían sido adquiridos por el INC a Susana Montes y Bayón, viuda del marqués de Valderas.

La ocupación del pueblo se realizó por solicitud, asignándose un terreno para cada uno de los veinte colonos que allí se asentaron. Cada lote incluía hectáreas de secano y hectáreas de regadío. Asimismo, se levantaron cincuenta viviendas, veinte para los colones y otras treinta para los obreros que llevaron a cabo la construcción del pueblo, a los cuales, dos décadas después se les otorgaría el título de propietarios.

Poco después, en 1958, María de la Asunción Rojas y Gutiérrez de la Cámara —nuera de Doña Susana de Montes y Bayón y también marquesa viuda de Valderas— decidió donar formalmente el monasterio a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle. De este modo, el cenobio pasaba a ser propiedad de la congregación, que consolidó su labor educativa en un entorno ya reconfigurado por el nuevo pueblo.

El monasterio recuperaba así su papel de centro de referencia, pero ya no como abadía cisterciense, sino como motor educativo, social y agrícola en un territorio reconfigurado.

Últimas décadas del siglo XX

La escuela fue evolucionando: de Escuela de Capataces (1954) a Formación Profesional Agraria (1975). En 1984, la gestión de la Escuela de Formación Profesional Agraria pasó a la Junta de Castilla y León. Sin embargo, los Hermanos de La Salle continuaron implicados durante años, colaborando en la enseñanza y manteniendo el espíritu cristiano y educativo del monasterio, aunque ya no tenían la responsabilidad administrativa directa.

El monasterio empezó también a abrirse al público: visitas culturales, actividades educativas y la conservación de la reliquia de la espina de Cristo, que seguía siendo el corazón devocional del lugar.

Así, el conjunto se convirtió en un doble referente: por un lado, como centro de enseñanza agrícola; por otro, como patrimonio histórico y religioso abierto a la sociedad.

El siglo XX fue, para la Santa Espina, un tiempo de transformación radical:

  1. Peregrinaciones: perdieron fuerza organizada, pero la reliquia mantuvo viva la identidad espiritual del lugar.
  2. Dinamización rural: cambió de modelo; ya no era la vida monástica y agrícola del Císter, sino la educación agraria de La Salle, la Escuela de Capacitación y el nuevo pueblo colonizado.
  3. Patrimonio: el monasterio pasó de ser ruina tras la desamortización a convertirse en un centro vivo, educativo y cultural que seguía sosteniendo comunidades rurales.
  4. Reapropiación social
  5. Educación y comunidad: la escuela agrícola devolvió vida al monasterio, conectando fe, formación y desarrollo rural. La creación del pueblo de La Santa Espina reforzó la identidad de la zona y dio continuidad al papel histórico del monasterio como motor territorial.

Durante más de un siglo, la presencia de los Hermanos de La Salle —más de 130 años— consolidó esta nueva etapa del monasterio, dejando una huella profunda en la educación, en la vida rural y en la dimensión espiritual del entorno.

El siglo XX mostró a la Santa Espina como un lugar de patrimonio religioso capaz de mantener su misión espiritual y social.

De la oración de los monjes a la enseñanza de los hermanos, de la educación agraria medieval a la formación técnica moderna, el monasterio siguió siendo un espacio que daba identidad y vida al medio rural.

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